La puerta de la casa se cerró detrás de ella con un sonido seco, casi cruel.
Lucia apoyó la frente contra la madera, respirando como si hubiera corrido kilómetros.
No sabía si era el frío de la noche, el peso del vestido arruinado o la humillación todavía ardiendo en su piel… pero sentía que sus piernas estaban a punto de fallarle.
Había sido demasiado.
Demasiado para un solo día.
Demasiado para una sola vida.
Dio un paso dentro y la penumbra de su sala la envolvió por completo. El silencio era