Ecos de un origen.
La mañana llegó sin pedir permiso.
Lucía abrió los ojos lentamente, con la sensación incómoda de no haber descansado en absoluto. El cuerpo le pesaba como si hubiera corrido durante horas, y el pecho… el pecho seguía apretado, como si el sueño de la noche anterior no se hubiera ido del todo.
El anciano.
Su voz.
Y la otra Lucía.
Se incorporó despacio en la cama, pasando una mano por su rostro. El sol apenas entraba por la ventana, filtrándose entre las cortinas claras, pero no lograba disipar la