El viento helado golpeaba mi rostro mientras corría entre los árboles.
Las hojas secas crujían bajo mis patas, y la luna nos seguía desde lo alto, testigo silenciosa de nuestro regreso.
Desde que habíamos partido del reino vampiro dejando a Vicent no había podido pronunciar ni una palabra, ni siquiera había podido mirar a Aziel. Él lo sentía.
Me sentía horrible, el recordar cómo había besado a Vicent, cada vez que cierro los ojos miro el gris de los suyos, su media sonrisa. Es como un tormento