–¡Mierda, realmente eres tú!– trago grueso, no sé quién está más nervioso, si el o yo.
–¿Me recuerdas?– mi voz tiembla, casi ni se oye.
–Pense que eras un sueño- murmura, está vez está más cerca de mí.
–No, soy real– Amon se acerca a una velocidad desconocida y me toma en brazos para abrazarme con fuerza y darme vueltas por toda la cocina.
–Eres tú, eres tú– chilló emocionado, mis ojos se cristalizan al ver cómo empieza a llorar desconsoladamente. El me deja en el suelo e intenta limpiarse