–¡Lina, ven conmigo!– no me dio tiempo de responder cuando Amara me tomó del brazo y me arrastró con ella. La sigo sin alegar hasta que entramos a un oficina donde más de cien mujeres esperan sentadas mirando hacia un escenario. Amara saluda a todas mientras llegamos punto central y toma el micrófono– buenas tardes mis lunas, es un gusto tenerlas aquí hoy– todas le devuelven el saludo.
Me quedo mirando como todas se levantan y me dan una reverencia, mi prima les dice que no es necesario y estas