Izel
Uno, dos tres.
Uno dos tres.
Uno, dos y…
–¿Qué crees que haces Izel?– abro los ojos encontrándome con el pelirrojo que me mira molesto.
–¿Julian?– amor los ojos sorprendida y me levanto del césped para abrazarlo.
–¿Qué crees que haces Izel?– cortó el abrazo y me alejo.
–¿Cómo es posible? ¡Estás aquí!
El sol aún ni siquiera sale, el canto de los animalitos es lo único que me acompaña a mitad del bosque. No puedo dormir, desde que llegué no he podido pegar el ojo y eso me tiene atormentada.