—En ese caso… —No termina su frase cuando se acerca y me vuelve a morder, levanta un poco mi pierna para darle mejor acceso y su boca me hace estremecer cada que muerde y succiona mi punto sensible, me sostengo de sus hombros y lanzo un grito desgarrador cuando un delicioso orgasmo atraviesa mi cuerpo, dejando mis piernas temblorosas y si no fuese porque me encuentro casi sentada en mi escritorio terminaría de rodillas en la alfombra—. Sabes deliciosa Catalina, nunca tendré suficiente de ti.
Ba