—Ahora por favor vete —le suplico con la voz entrecortada.
—No me pienso ir Catalina y después de esto menos. —Me atrae hacia su cuerpo y me abraza, recargo mi cabeza en su pecho y me permito llorar como desde hace días no lo hacía—. No me gusta verte llorar —me confiesa al tiempo que me separa un poco de su cuerpo y con sus enormes manos seca las lágrimas que aún caen por mis mejillas.
Observo como su mirada pasa de mis ojos a mis labios entreabiertos y como si estuviese a cámara lenta acerca