Los aplausos y vítores son incluso más fuertes que los que yo recibí cuando me convertí en una estúpida marioneta. Karim, quien está sentado al lado de mi madre se pone de pie, esboza una minúscula y casi imperceptible sonrisa mientras agacha la cabeza en un gesto de agradecimiento, luego vuelve a tomar asiento.
—Y un niño como él logró evadir a los místicos que amenazaban con matar a su madre y a su hermana a punto de nacer —un viento gélido me hace temblar—. Con el primer rayo de luz, la bruj