Ariana no ha cambiado mucho, por no decir nada. Sigue siendo la misma chica de veinte años a la que le menté la madre y a quien deseé no volver a ver. Su mirada divertida y su sonrisa coqueta son tan irritantes, que me gustaría tener al dragón aquí para pedirle que se la coma… Eh, literalmente, no cualquier otro significado que se le pudiera poner.
—Tocaste a mi hermano, maldita perra —siseo—. Estás muerta, solo que aún no lo sabes.
—¡Viviana! Esas no son formas.
Mamá siempre será mamá. Está ap