Estoy tan centrada en sufrir lo menos posible, que no me doy cuenta de que recorremos exactamente el camino que me lleva a mi habitación asignada. Entramos, él dándome el paso porque a pesar de todo, es un caballero. Me siento tan débil, que tomo asiento en la cama mientras me abrazo a mí misma.
Lucas cierra las ventanas y las cortinas, no presto mucha atención, pues mirar fijamente una mancha en el suelo me ayuda a olvidar que las extremidades me empiezan a hormiguear. Escucho que Lucas abre c