El aire en la cocina se sentía más frío de lo normal.
Apreté los labios, sintiendo cómo mi piel se erizaba de repente. Qué raro. Mi cuerpo no solía reaccionar así ante nada, ni siquiera cuando sabía que estaba en peligro.
Me giré hacia la ventana, sintiendo una incomodidad creciente en el pecho. ¿Estoy imaginando cosas? Afuera, la noche era tranquila. No había movimiento, ni sombras, ni señales de que algo estuviera mal.
Sacudí la cabeza.
Es el estrés. Tiene que ser el estrés.
Respiré hond