Oriana apretó el borde de su chaqueta de vestir, su mente aún atrapada en los ecos de la noche anterior. La voz de ella seguía resonando en su cabeza, como un veneno que no podía sacudirse.
"Antes de que sea demasiado tarde."
Nunca había sentido tanto miedo. No solo por las palabras, sino por la presencia misma de ella. No recordaba su rostro, ni su nombre, pero en lo más profundo de su alma sabía que siempre había estado allí, acechando, esperando.
Gabriel tenía razón. La maldición estaba desp