Oriana sintió la presencia de la sombra disiparse, pero su piel aún estaba erizada. La sensación de vacío que dejó tras de sí la inquietó más de lo que estaba dispuesta a admitir. Volvió la mirada a Gabriel, quien se mantenía tenso, como si estuviera esperando algo más.
—No puedo más con esto… —murmuró ella, sin poder ocultar su frustración.
Gabriel la miró con cautela, como si analizara cada uno de sus movimientos.
—¿Con qué exactamente? —preguntó con voz controlada.
Oriana respiró hondo, inte