Oriana cerró la puerta de su departamento con un suspiro. Había sido un día largo y agotador, y la energía de la oficina seguía sintiéndose densa a su alrededor. Caminó hasta la sala, encendió una luz tenue y se dejó caer en el sofá. Justo cuando comenzaba a relajarse, un escalofrío recorrió su espalda. Algo no estaba bien.
Se levantó y se acercó a la ventana. En la penumbra de la calle, un auto oscuro estaba estacionado justo frente a su edificio. Su corazón dio un vuelco cuando reconoció la f