Oriana y Gabriel estaban sentados frente a frente en la espaciosa sala de reuniones de la oficina. La atmósfera era densa, casi tangible, mientras repasaban los avances del proyecto en el que ambos estaban trabajando. Las luces tenues del ambiente y el murmullo lejano del tráfico se convertían en el telón de fondo de una tensión que parecía crecer con cada minuto transcurrido.
—Este ajuste en la programación se encuentra dentro del cronograma de la semana siguiente —comentó Oriana, tratando de