Cuando Oriana y Gabriel salieron de la sala de descanso, aún podían sentir en su piel el calor de lo que había ocurrido. Sus miradas se cruzaban con un dejo de vergüenza, pero también con la certeza de que lo que había pasado entre ellos era inevitable
El resto de la velada transcurrió en una burbuja extraña
El roce de sus manos cuando caminaban juntos por el salón.
La música suave envolviéndolos en un baile que parecía un eco del pasado.
Por un momento, no había maldiciones ni sombras acechand