El mundo se desvaneció en un parpadeo.
Oriana sintió como si estuviera cayendo, su cuerpo perdiendo toda conexión con el presente. Su piel ardía donde había tocado la carta, y su mente fue invadida por imágenes ajenas y, a la vez, propias.
Un salón iluminado por candelabros.
Música resonando en el aire, suave, elegante.
Sombras danzando bajo las máscaras.
Y entonces, una joven de vestido azul celeste, con el corazón latiendo fuerte, apretaba un pequeño sobre entre sus manos mientras se deslizab