Marcus acariciaba lentamente el cabello de Katrina. El ritmo tranquilo de su respiración le indicó que finalmente se había quedado dormida. Observó su rostro relajado, tan diferente al terror que había visto apenas unas horas atrás en aquella oficina. Con extrema suavidad apartó un mechón de cabello de su mejilla y besó su frente.
—Nada va a pasarte, te lo prometo.
Se levantó con cuidado para no despertarla y salió al balcón. El aire frío de la tarde golpeó su rostro, pero no logró enfriar la r