Después del ataque, Fabiano y Gerald no dejaron absolutamente nada al azar. Ambos movilizaron a sus hombres de confianza y, en cuestión de horas, el hospital se convirtió en una fortaleza. Guardias vestidos de civiles permanecían distribuidos por los pasillos, la entrada principal, el estacionamiento y los alrededores del edificio.
Nadie podía entrar sin ser identificado y cualquier movimiento sospechoso era informado de inmediato. El mensajero que había llevado el ramo con la serpiente fue ret