El avión descendió atravesando un cielo gris perla.
París los recibió con un aire distinto. Más frío. Más denso. Más elegante.
Cuando las ruedas tocaron la pista, Katrina sintió un leve estremecimiento que no tuvo nada que ver con el aterrizaje. Era la sensación de haber cruzado un punto sin retorno.
Ya no había marcha atrás.
El avión rodó hasta detenerse frente a una zona privada del aeropuerto. No era una terminal común. Era una sección exclusiva, silenciosa, con hangares impecables y vehícul