Sucedió un jueves por la noche, tres días antes de Navidad, y no se pareció en nada a lo que Aria había imaginado.
Había imaginado declaraciones dramáticas. Calles barridas por la lluvia. Quizás un momento de crisis que los uniera a la fuerza. En lugar de eso, sucedió en su cocina, a las 10:47 de la noche, mientras Maya dormía en el cuarto de bebé y las sobras de la cena yacían olvidadas en la encimera. Daniel había venido a ayudar a montar una estantería —una ridícula cosa de IKEA con instrucc