62. Trampa
—Laurent, ¿qué pasa? —se acomodó con lentitud—. ¿Por qué estás llorando? —preguntó con voz temerosa.
No había ningún rastro de alguien somnoliento, sus sentidos estaban afilados. Se levantó con precaución, como quien intenta no hacer ruido para que un animal pequeño y herido no escape. Me limpiaba los bordes de mis ojos con la palma de mi mano.
Intentó sujetarme.
Yo me alejé, tomando su teléfono.
—¡¿Por qué?! Solo dime, ¡¿por qué?!
Grité desde lo más profundo de mis entrañas, un grito infernal q