43. El destino no los quiere lejos
Gladys no piensa con claridad ahora que Germán está aquí. Como se queda sin palabras cree, muy convencida, de que probablemente Emmanuel o alguien más vino con él para llevársela de aquí. Frunce el ceño.
—¿Podemos hablar?
—Estoy segura que podemos hablar —Gladys se cruza de brazos—, si se trata de mi hija o la situación del sospechoso.
Germán suspira un poco.
—Podemos hablar —Germán habla otra vez con un rostro calmado. Tiene la gorra en su mano y se muestra realmente calmado—. Es importante qu