Blas, por otro lado, no se había percatado de que se encontraba perdido en esas emociones. Tomó las manos de Milena y las llevó sobre sus hombros, deseando que ella le correspondiera. La mirada de Milena hacia él en ese momento era diferente: el temor en sus ojos había desaparecido y la vergüenza se había desvanecido.
Ahora era Blas quien ante este relajado rostro de Milena, rememoraba los bellos momentos que vivieron juntos mientras estudiaban en el instituto. Ambos siguieron contemplándose, p