Blas observó el océano a través de la ventana, su mirada perdida en las olas mientras intentaba ordenar sus pensamientos. No recordaba en qué momento de la noche se había quedado dormido, pero el intenso dolor en su miembro y la hermosa mujer en la cama le confirmaban que lo sucedido no había sido un sueño. Sus recuerdos eran un torbellino de sensaciones: la calidez del cuerpo de Milena bajo el suyo, sus gemidos ahogados y el vaivén de sus cuerpos en la oscuridad.
Desvió la vista hacia ella, aú