- ¿Por qué disculpas? – la lengua saboreó la excesiva humedad de mi coño. - Solo puedes disculparte por haber tardado tantas horas en volver... ¿Es por eso que te disculpas? - La lengua entró profundamente en mi cavidad, haciéndome gemir de nuevo, incapaz de contenerme.
- Por... Fuerte gemido... - Dije, mi voz casi no salía.
- Puedes gemir todo lo que quieras, pequeña. Y gritando también... Aquí nadie nos oye... Y confieso que disfruto con sus gemidos... Cierto, intenso.
- No vi nada... Estuvie