Tan pronto como entramos en el hospital, Melody preguntó:
- ¿Tu amigo está muy enfermo?
- Un poquito. Se cayó... y se golpeó la cabeza.
- Debe haber dolido.
- Yo creo que sí.
Acompañé a Melody por el pasillo, de la mano conmigo, hasta que encontramos la habitación de Rachel. Respiré hondo y llamé a la puerta. Su madre respondió:
- ¡Gui! Que bueno que viniste. No le avisé ... Para dar una sorpresa. - sonrió .
Maldita sea, si ella le hubiera advertido, habría sido mejor. Ahora no sabía cómo reacc