- ¿Qué hacemos ahora? – le pregunté a Charles mientras salía de la ducha, pasándose una mano por el cabello, sin secarlo – No podemos vivir en un hotel para siempre.
- No tengo prisa, pequeña... Es genial estar aquí encerrada contigo. - Me dio un ligero beso en los labios, yendo a buscar un atuendo en la maleta, que no había desempacado.
- Los hoteles son muy impersonales... Y fríos.
- Podemos prender la calefacción... - Se rió y le tiré una almohada.
Charles se puso una camiseta blanca y jeans