El olor a madera pulida y a un perfume desconocido fue lo primero que percibió Elena antes incluso de abrir los ojos. Todo estaba silencioso, demasiado. Un silencio que no pertenecía a ningún hospital, ni al auto destrozado donde había perdido la consciencia.
Su respiración se aceleró. Movió los dedos, luego las manos. Estaba sobre un colchón suave, demasiado suave para ser de emergencia. Cuando finalmente abrió los ojos, la habitación se le mostró como un escenario ajeno; paredes claras, lámpa