Capítulo 2: Pensamientos Pesados.
El trayecto de regreso a la ciudad fue un silencio pesado. La carretera estaba iluminada apenas por los faros del auto y la luna, que parecía observarlos como un testigo distante e impasible. Elena apoyaba la frente contra el vidrio de la ventanilla, su respiración empañando el cristal, mientras en su mente se repetían las palabras de Rubén y la imagen de su padre, o el hombre que había creído toda su vida que lo era.
“Eres una Valdivia legítima” — había dicho Rubén con un convencimiento que la