Epílogo. Segunda parte.
Anthony, que acababa de colgar el teléfono, se arrodilló frente a su hijo y le revolvió el cabello con una sonrisa.
—Sí, campeón. Los abuelos están en camino para quedarse contigo mientras vamos al hospital.
Micky asintió con una seriedad que le daba ese aire único de pequeño genio. Luego se acercó a su mamá, observando su vientre con detenimiento. Con una ternura que desarmó a María Elena, colocó suavemente las manos sobre su barriga.
—Hermanitos, escuchen bien —dijo, con su voz clara y pausad