POV de Cercei
—¡Cállate! —le respondí, rodando los ojos. Arrodillada junto a María, aparté suavemente los mechones de cabello de su rostro.
Desaté una de las pulseras que habíamos hecho juntas en la mansión, un hilo de cuentas cargado de recuerdos. La coloqué en su mano y susurré con dulzura: —Espero tu comprensión, pero no a costa del odio.
Me quedé unos segundos mirándola, grabando en mi memoria su expresión tranquila, antes de apartarme a regañadientes, con Viena siguiéndome de cerca.
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