capitulo...
— Kael — susurró Ariadna, llorando —. Por favor.
Levanté la cabeza.
Y por un segundo… no la reconocí.
Eso fue lo que me aterrorizó de verdad.
— Vete — dije, con la voz rota —. Antes de que haga algo que no pueda deshacer.
Mi cuerpo se movió solo otra vez. Esta vez hacia ella.
Meara se interpuso, alzando un sello, pero lo atravesé como si fuera humo. No porque fuera débil.
Porque yo estaba mal.
El dolor ya no importaba. El miedo tampoco.
Solo quedaba esa urgencia brutal de