Sienna se quedó en shock. No podía entenderlo. Ella recordaba claramente haberla escuchado en el pasado: más de una vez le advirtió que huyera y le dijo que la bestia dañaría a su propia sangre. Y ahora, simplemente, aseguraba que no.
—¡Corre, Sienna! —gritó su loba en su interior.
Sienna sintió la presencia de más lobos cerca. Tenía que correr y continuar su camino hacia la manada Rosal; allí la estaría esperando Santiago para protegerla a ella y a su cachorro.
Parecía increíble lo que estaba