Axel se levantó y caminó hacia ella. Sentía una fuerte presión emanar de la joven albina; a pesar de ser tan frágil y menuda, poseía un poder colosal que, de caer en las manos equivocadas, podría devastar el mundo entero.
—¿A qué te refieres? —preguntó Axel. Aunque Maximiliano no quería saber nada sobre Sienna Rosental, él bien sabía que, en lo más profundo de su ser, su señor aún anhelaba a su pareja destinada.
—La luna de sangre ya casi está aquí… —murmuró Kaerys, rozando con sus dedos fríos