Sienna despertó por la mañana y sonrió con profunda ternura al ver a su cachorro en brazos, con los ojos bien abiertos.
—Incluso heredaste los ojos de papá —dijo acariciándole la mejilla suavemente.
Tocaron a la puerta y acto seguido entró Santiago; finalmente podría ver a su sobrina y al pequeño cachorro.
—¿Cómo te encuentras? —preguntó acercándose a ella.
—Muy bien, mi cachorrito está a salvo —respondió acurrucando al bebé contra su pecho.
—Entonces, ¿no tendrás problemas para viajar? —volvió