Maximiliano tiró a Sienna sobre el colchón. Ella lo miró, con una sonrisa juguetona; las cosas iban a cambiar y esa bestia tendría que ser domada por su bella lobita.
Sin quitarle los ojos de encima, él empezó a desvestirse. Dejó caer el saco al suelo, se arrancó la corbata y se desabotonó la camisa, exponiendo su torso musculoso. Al final, se deshizo de los pantalones y el bóxer de un solo tirón.
Él no esperó más. Se subió sobre ella, le abrió las piernas para acomodarse en medio y le arrancó