La tranquilidad se rompió dos semanas después, no con violencia, sino con una limusina negra que subió por el camino privada precedida por una llamada de cortesía de Marco:
"Es el viejo Chen. Solo. Pide una audiencia."
Caleb frunció el ceño. Una visita sin previo aviso, especialmente de una figura como Chen, era inusual.
Podía ser un gesto de respeto (venir personalmente) o una maniobra para cogerlos desprevenidos.
—¿Lo recibimos? —preguntó Emily, vistiendo a Lucia con un pequeño conjunto de