Un silencio extraño cayó sobre la mansión en los días siguientes a la cena.
No era el silencio de la paz, sino el de la calma que precede a la tormenta.
Caleb estaba inquieto, revisando informes, haciendo llamadas en voz baja.
La investigación sobre el sonajero seguía sin dar frutos, y la amenaza abstracta pesaba más que un enemigo declarado.
Una noche, Emily despertó y Caleb no estaba en la cama.
Lo encontró en el estudio, a oscuras, mirando por la ventana falsa que mostraba una pantalla d