La luna de miel fue una semana de relativa paz dentro de la mansión.
Caleb delegó la mayoría de sus responsabilidades operativas en Marco, dedicando su tiempo a Emily.
Paseaban, leían, planeaban la habitación del bebé con un detalle obsesivo.
Fue un respiro idílico, pero ambos sabían que era temporal. El mundo exterior no se detenía.
La tormenta llegó, como siempre, en forma de noticias secas.
Marco informó que los Rossi, debilitados pero no destruidos, estaban haciendo movimientos extraños