La boda se organizó en una semana.
Silvia, con su eficiencia habitual, se encargó de todo: un vestido sencillo pero elegante de seda color marfil para Emily, que se adaptaba a su vientre; un traje oscuro impecable para Caleb; flores blancas para el atrio; y un banquete íntimo preparado por un chef de confianza.
El juez Fletcher llegó el día señalado, escoltado discretamente.
Parecía nervioso pero resuelto, consciente de la importancia (y el peligro) de su tarea.
Armand actuó como testigo de