Agata
No existían días ni noches en aquel estado extraño en el que había permanecido atrapada, suspendida en una oscuridad silenciosa donde ni siquiera los sueños podían alcanzarme.
Poco a poco empecé a sentir otra presencia mezclándose con mi magia, una fuerza completamente diferente que chocaba contra el aire una y otra vez con una violencia insoportable. El fuego apareció como una corriente abrasadora que avanzaba lentamente, espesa y pesada como lava derritiéndose bajo mis huesos y, aunque