Nora
—¡Lo que nos faltaba! Si no son los rogues que aparecen como cuervos, es una hechicera loca, o estos malvaviscos gigantes... ¡Tenían que ser los benditos humanos! —exclamaba Eva.
Aún no sabíamos a qué nos enfrentábamos. Gael intentó moverse hacia el centro, pero flaqueó de una pierna y yo lo sostuve, intentando tranquilizarlo a través de nuestro vínculo.
—Señor Ismael, ¿no es cierto? —Fabrizio se colocó al frente como principal emisario en aquella discusión.
El hombre no parecía sorprendid