Capítulo 2. El enemigo de mi padre.

Adele

(1 día antes de la fiesta)

—Solo imagínalo, ya que estamos en Seattle, podemos celebrar tu cumpleaños número 18 como nunca, ir a un club de esos que son super divertidos, beber alcohol por primera vez… —le propuse a mi mejor amiga Helena, la cual es casi una hermana para mi.

—No lo sé Adele, mañana es la fiesta entre las manadas por la reciente paz, no sé si sea buena idea —respondió mi amiga dudosa.

—Ay por favor, es tu cumpleaños, ¿Como no lo vamos a celebrar?

—¿Estás seguro de que hacemos esto por mi o solo por ti? —me interroga Helena— Tu amas ir de fiesta, yo no.

Viéndome descubierta sonrió de forma culpable y me apoyo en el hombro de mi amiga, la cual suspira evidentemente harta de mi.

—De cualquier forma tu padre no nos lo va a permitir —se negó Helena con seriedad.

—Deja que yo hable con papá.

Algo que no saben los demás es que mi padre, el serio y recatado alfa Harry Oakheart, me adora ya que soy su hija menor. Mientras mi papá muestra su lado severo con mis hermanos mayores, yo soy su dulce y adorada hija, jamás me niega nada. Por lo que tras tan solo unas peticiones y manipulación emocional hablando de mi madre fallecida, papá terminó aceptando la idea de celebrar el cumpleaños de Helena.

Escogí un club muy caro, de esos que siempre aparecen en redes sociales, con tragos llamativos y muchos colores, bastante de moda en la ciudad. Fuimos un grupo de omegas femeninas pertenecientes a diferentes manadas bajo la protección de mi padre, todos cercanos a Helena, preparados para celebrar su cumpleaños número 18 a lo grande.

—¡Por Helena! ¡Quién finalmente llegó a la mayoría de edad! —celebré levantando mi trago en el aire.

—¡Por Helena! —respondieron todas de igual forma, muy animados.

Mi mejor amiga, la cual era muy timida y recatada, solo sonrio y miró a todos timidamente detras de sus bonitas gafas de marco negro. Podía notar que Helena no estaba muy contenta, por lo que después de brindar en su nombre, decidí llevarla a la pista de baile a divertirse un rato.

—No Adele, en serio, me da vergüenza… —se quejó Helena, caminando detrás de mí con timidez.

—Vamos, te vas a divertir, lo prometo —aseguré sin dejar de arrastrarla.

Tímidamente Helena se une a mí en la pista de baile, mientras el resto de nuestras amigas se quedan bebiendo los cócteles que pedimos. Helena no vino jamás a un sitio como este, por lo que se mueve tímidamente a mi lado al ritmo de la música, mientras que yo sintiéndome mucho más experimentada en todo este asunto de las fiesta, comienzo a bailar de forma sexy junto a mi mejor amiga.

—¿Qué haces? —pregunta Helena sorprendida, mirando la tomo de la cintura para acercarla a mí, comenzando a mover las caderas para tentar a los alfas a nuestro alrededor.

—¿Acaso no quieres conseguir un alfa bonito como regalo de cumpleaños?

—¿Te recuerdo que estás comprometida? Tienes una pareja oficial en tu manada.

—Mi padre eligió a alguien para mí, eso no significa que yo vaya a obedecerlo, ¿Verdad?

Ignorando las palabras de Helena, sigo bailando de forma sexy a su alrededor, tentando a todos los alfas que están cerca a nosotras. Mis esfuerzos finalmente dan sus frutos cuando dos alfas de apariencia muy hermosa caen en nuestras redes y se acercan para bailar, lo cual tiene sentido, ya que Helena y yo somos dos chicas hermosas, alguien en definitiva tendría que mirarnos.

—Parece que he encontrado una cosita muy deliciosa por aquí —dijo uno de esos alfas, acercándose a mí y tomando mis caderas.

—¿Yo te parezco deliciosa? —respondo de forma provocativa— ¿Por qué no le das una probada?

Descubriendo mi cuello suelto algunas de mis feromonas para ese alfa, el cual no pierde el tiempo y se acerca a mi cuello para dejar una suave mordida que me hace gemir, este tipo es muy guapo…

Con su cabello castaño claro desordenado y ojos celestes, este alfa es un deleite. Por lo que con confianza enredo mis brazos en su cuello, pegando mi cuerpo al suyo lo más posible, mientras sigo moviendo mis caderas de un lado al otro al ritmo de la música, sintiendo su dura erección contra mi pelvis.

—¿Te pusiste esto para tentar a los alfas a tu alrededor, lindura? —pregunta el alfa con la voz ronca por la excitación, bajando sus manos a mi trasero, el cual está cubierto por unos pantalones cortos sumamente delgados.

—Claro que no, soy una chica buena, ¿Como podría hacer algo así?

—Eres una chica muy buena, eso es seguro. ¿Quieres un premio?

Antes de que pueda responder, siento como sus dos manos se meten entre mis muslos, presionando mi sexo con sus dedos, la cual comienza a humedecerse por él. Sin poder ocultar un gemido, tiro suavemente de su cabello castaño, poniéndome de puntitas para tratar de besarlo.

Es entonces cuando él apareció…

—¿Qué m****a haces Shawn? —su voz masculina y autoritaria nos interrumpió, haciendo que el alfa que me estaba manoseando se separara de mi casi de un salto.

—Hermano Silas, yo solo… —el guapo tipo luce asustado, encogiéndose como un cobarde frente a mi.

—¿Qué está mal en tu cabeza? Tocando de esa forma tan indecente a una señorita, que no es más que una omega indefensa, ¿Acaso estás loco?

—Hermano no es lo que piensas…

Dejo de prestar atención a esa incómoda conversación, mirando por primera vez a quien ahora reconozco como Silas Sterling, aunque en ese momento no tenía idea de quién era.

Lo primero que observé fue su mandibula, tan recta y fuerte, parecía que podría cortarte si la tocabas, luego miré sus ojos grises, tan fríos como el acero, un hombre tan atractivo y fuerte que con solo su presencia imponía respeto.

No miento al decir que sentí un estremecimiento del deseo, Silas es el hombre más guapo y ardiente que vi en toda mi vida, a pesar de que tiene más de 30 años, lo desee desde el primer momento que posé mi mirada en él.

—Controlense, no volveré a repetirlo —amenazó Silas, mirando a los dos alfas que se habían atrevido a acercarse.

Luciendo muy asustados ambos hombres se alejaron rápidamente de la pista de baile, mientras que sin decir una palabra Silas me miró de arriba a abajo. No tengo en claro si me deseó tanto como yo desde que lo vi, solo sé que los dos tuvimos una conexión más fuerte que solo palabras, algo indescriptible.

—Adele ya es suficiente —asustada Helena se acerca a mi y me tomó del brazo—, regresemos con las demás.

Desviando la mirada con aparente desinterés, el hermoso alfa de cabellos oscuros y ojos grises se alejó de la pista de baile al área VIP del club, dejándome en shock por su belleza.

—¿Adele? ¿Qué ocurre?

—Helena creo que encontré una polla en la que quiero saltar —respondo con sinceridad—, estoy enamorada.

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