POV: Aurora
La velocidad no es un número en un velocímetro. Es una vibración en los dientes.
El deportivo de Lucian devoraba el asfalto a ciento ochenta kilómetros por hora. El paisaje exterior —los árboles desnudos, la nieve sucia, el cielo gris— era un borrón indistinguible.
Dentro del habitáculo de cuero y fibra de carbono, el aire estaba viciado.
No por falta de oxígeno. Por exceso de rabia.
Lucian conducía con una mano en el volante y la otra en la palanca de cambios, moviéndose con una violencia contenida que me aterrorizaba. Sus nudillos estaban blancos. Su mandíbula, trabada.
Y el olor...
El habitáculo estaba saturado con mi propio aroma (miedo, estrés) y el rastro persistente de Kieran (cedro, deseo) que todavía se aferrada a mi piel. Para la nariz sensible de un Alfa como Lucian, estar encerrado aquí conmigo debía ser como estar encerrado con un cadáver en descomposición.
—Baja la velocidad —dije. Mi voz sonó pequeña, aplastada por la fuerza G en las curvas.
Lucian no me mir