POV: Aurora
El amanecer no trajo luz. Trajo un vacío que pesaba más que la gravedad.
Desperté antes de que sonara la alarma. Mi cuerpo estaba rígido, acurrucado en posición fetal bajo el edredón, buscando un calor que ya no existía.
La casa estaba en silencio.
Pero no era el silencio de la paz. Era el silencio de un funeral.
Me levanté y caminé descalza hacia la pared que compartía con Kieran. Apoyé la palma de la mano contra el papel tapiz frío. Esperé. Busqué esa vibración familiar, ese hummm de bajo voltaje que siempre me decía que él estaba al otro lado, respirando, existiendo.
Nada.
La pared estaba muerta. Solo yeso y ladrillo.
El pánico, una criatura de garras frías, se despertó en mi estómago.
—¿Kieran? —susurré.
Sabía que no estaba. Mi loba lo sabía. El hilo de plata que nos conectaba colgaba flojo, sin tensión, como una línea telefónica cortada por una tormenta.
Me vestí con lo primero que encontré —unos leggings viejos y una sudadera gris que me quedaba grande— y salí al pas