POV: Aurora
El mundo era una mancha de colores borrosos y un olor a invierno que me drogaba los sentidos.
Lucian me arrastraba hacia la salida. No con violencia, sino con la firmeza de quien lleva un tesoro recién descubierto a su cámara acorazada. Su mano en mi cintura era un hierro candente que enviaba ondas de placer y sumisión directamente a mi cerebro reptiliano.
MÍO. MÍO. MÍO.
Su lobo cantaba en mi sangre. Y mi loba, traicionera y estúpida, le respondía con un coro de adoración.
Estábamos a tres metros de las puertas dobles abiertas. El aire frío de la noche ya empezaba a rozar mi piel febril.
Y entonces, la tormenta estalló.
No vino del cielo. Vino desde atrás.
Un borrón de movimiento negro cortó el aire. Rápido. Violento.
Lucian se detuvo en seco, tirando de mí hacia su espalda con un movimiento protector tan rápido que me dejó sin aliento.
Frente a nosotros, bloqueando el umbral, estaba Kieran.
Ya no era el chico de traje elegante que había entrado al salón. Era una ruina mag