POV: Aurora
El fuego no purifica. El fuego consume.
Esa noche, el cielo del Valle del Santuario no tenía estrellas. Estaba cubierto por una capa densa de humo negro y graso que subía desde las cuarenta piras funerarias alineadas en el campo de batalla.
No había ataúdes. La tradición de los lobos era devolver la carne a la ceniza y el espíritu a la luna lo más rápido posible.
Estaba de pie frente a la pira central. La más grande. Donde yacía el chico de la Manada del Río, envuelto en una sábana