POV: Aurora
La política huele peor que la guerra.
La guerra huele a hierro y ozono. Es limpia en su brutalidad. La política, en cambio, huele a café rancio, sudor nervioso y ego. Mucho ego.
El Valle del Santuario se había transformado.
Lo que horas antes era un anfiteatro de ejecución, ahora era un campamento militar improvisado. Cientos de tiendas de campaña de colores dispares salpicaban la nieve. Hogueras mágicas —fuego azul de los hechiceros, fuego naranja de los lobos— iluminaban la noche.